Estudiantes mexicanas se llevan el oro en festival científico internacional

Las estudiantes de tercer grado de la Preparatoria por Cooperación “José Vasconcelos”, en Mazatlán, Sinaloa, desarrollaron un bioplástico con cáscaras de camarón

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Las estudiantes mazatlecas Samantha Guadalupe Carrasco Tovar, Natalia Quetzalli Martínez González y Génesis Ayón Loza, regresaron junto con su mentora Judith Rebeca González Muñoz con la medalla de oro que otorga el Festival Internacional de Ingeniería, Ciencia y Tecnología, llevado a cabo en Túnez, África.

Las estudiantes de tercer grado de la Preparatoria por Cooperación “José Vasconcelos”, en Mazatlán, Sinaloa, desarrollaron un bioplástico con cáscaras de camarón, el cual puede remplazar el plástico de un solo uso, uno de los mayores contaminantes del planeta, y con ello proponer una alternativa dentro de la escala de soluciones posibles ante uno de los más graves problemas medioambientales.

Estas científicas con futuro prometedor lograron este proyecto utilizando el residuo de una industria camaronera local.

Samantha Carrasco explica: “rescatamos todos los residuos del camarón y todo lo que no consumimos nosotras lo llevamos al laboratorio y creamos un plástico”.

Y es que la cáscara de los camarones es rica en quitina, un tipo de polisacárido elaborado por hongos, plantas y animales, especialmente por crustáceos, camarones y varios tipos de insectos que permite la dureza de su exoesqueleto.

Se trata del segundo polímero natural más abundante después de la celulosa. Esta quitina se somete a un proceso llamado desacetilación del que se obtiene el quitosano, con el que finalmente se pueden elaborar los bioplásticos.

Génesis Ayón, otra de las estudiantes, relata que tuvieron que hacer muchas investigaciones. “Nos estuvimos asesorando con nuestra maestra que es bióloga acuicultora, nos acercamos también a químicos, ingenieros, doctores, laboratoristas. Fue un gran equipo que al final se concentró alrededor de nosotras”.

Natalia Martínez, otra de las estudiantes, destaca que el proyecto es viable porque abarca al sector económico, con el rescate de las cáscaras, el uso del sector turístico y agrario, porque el bioplástico después de ser utilizado se puede verter al suelo y es un pesticida y fertilizante, pues los componentes permiten que sea hidrofóbico (propiedad física de una molécula que es aparentemente repelida de una masa de agua), por lo que no genera bacterias y no tiene reacción alérgica. Además, es compatible con el medio ambiente y puede llegar a ser un producto de bajo costo.

Las estudiantes en la ciencia  

Las estudiantes campeonas mundiales platican el camino para lograr esta presea. “Ha sido la experiencia de mi vida y poder compartirlo con mujeres tan hermosas e increíbles junto con nuestra asesora, ha sido un privilegio, somos pura mujer mexicana representando a nuestro país”, platica Génesis.

“Estuvimos todo el verano desarrollando la idea y recién que entramos al último grado decidimos trabajar duro y formalmente en este proyecto. En septiembre del año pasado nos presentamos al concurso estatal, en ese espacio logramos nuestra acreditación directa, además de un premio nacional que reconoce proyectos extraordinarios de innovación científica y tecnológica”, relata Génesis Ayón, otra de las estudiantes.

A partir de ahí comenzó el camino. “Trabajamos mucho buscando patrocinios, rifas, kermeses, hubo mucha gente que creyó en nosotros y nos ayudaron para asistir a este evento”. Luego fueron invitadas a la nacional en San Luis Potosí. “Ahí conocimos mentes que nos dejaron en shock, niños desde kínder hasta jóvenes en la universidad que tienen un talento que nos volaba la mente, fue un honor poder compartir con ese tipo de personas”.

Natalia complementa: “no solamente representamos a nuestro país, sino a Latinoamérica, junto con Brasil. Pasamos de representar a Mazatlán, Sinaloa, México y Latinoamérica, nunca nos cupo en la mente que nuestro proyecto iba a llegar tan lejos, si me hubieran dicho que siete meses después iba a estar representando a todo un continente, no lo hubiera creído”, dijo otra de las estudiantes.

Para Samantha esto que están viviendo hoy, es replicable para cualquier joven que se lo proponga. “Deberían intentarlo, si tienen alguna idea, algo en mente que pueda valerse de la ciencia y la tecnología tienen que estar dispuestos a trabajar y lograr lo que quieran. Como jóvenes tenemos el futuro en nuestras manos, solo hay que tener fe, pasión y paciencia para que esto florezca y haya más proyectos como el nuestro. Estamos muy orgullosas de que la gente nos vea como pequeñas científicas , porque tenemos 17 años, nos gusta ser ejemplo del sí se puede”.

Génesis agrega que tampoco es fácil, “son horas de esfuerzo, de estar en constante investigación, somos mujeres mexicanas que han estado luchando contra toda adversidad para que nuestro proyecto se dé a conocer”.

Asegura que la idea es “salir del cajón que normalmente nos encierran, vencer los roles y estereotipos que te encasillan, muchas veces desde casa, y esto ya no debe pasar más. Cuando una niña de 12 años se me acerca, yo teniendo 17 y me dice que me admira, lloro de saber que estás sembrando una semillita en niñas más pequeñas y prenderles esa chispa de ´sí puedo´, es maravilloso, el corazón se infla gigante, como árbol aerostático”.

Por último, las estudiantes destacaron la labor de su mentora, la maestra Judith, Natalia reitera emocionada “ella nos ha apoyado completamente desde la parte académica, pero también en la parte personal, ella es la que siempre ha estado al frente para buscar los apoyos y se ha movido, siempre investigando, gracias a su esfuerzo llegamos tan lejos, por eso siempre va por delante, somos un equipo de cuatro”. Samantha complementa:

“Ella es nuestra motivación, nos sacudía y siempre nos decía ´ustedes lo pueden lograr´, como adolescentes dudamos, pero ella siempre creyó en nosotras, es el pilar más importante del proyecto, junto con nuestros padres”, señalaron las estudiantes

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